¿Cómo está su vejiga?

¿Cómo está su vejiga?

¿Se está levantando más de dos veces en la noche para ir al baño? Préstese atención, usted puede estar padeciendo de lo que se conoce como “vejiga en el cerebro”.

Según la Sociedad para la Investigación de la Salud en la Mujer (SWHR) por sus siglas en inglés, una vejiga con actividad normal puede mantener 10 a 16 onzas de líquido, ir al baño cada tres o cuatro horas y no más de dos veces en la noche. Si no se identifica con esto, ponga mucha atención.

Y si bien nada es más placentero que tener una noche de sueño sin paradas, muchas mujeres tienen lo que en la SWHR identifican como “vejiga en el cerebro”, o unas constantes e incontrolables ganas de ir siempre al baño, lo que les impide realizar sus tareas cotidianas de manera normal.

La vejiga es la encargada de contener la orina  que producen los riñones antes de ser expulsada por la uretra. Sin embargo, no todas las mujeres tienen la suerte de que su aparato urinario funcione de la manera correcta y es ahí donde aplazar viajes o actividades, es el común denominador de quienes sufren de incontinencia, ardor o dolor al orinar.

Una vejiga que está sana no tiene por qué producir molestia alguna y para evitar eso, toda mujer debe saber que la frecuencia urinaria depende del líquido que bebe a lo largo del día, además de tener conciencia de cómo las bebidas a base de edulcorantes y cafeína pueden aumentar la producción de orina. Por lo anterior, entre otros factores, resulta aconsejable preferir beber agua.

Para mantener una vejiga sana es importante tener en cuenta:

  • Generalmente la frecuencia urinaria debe ser de 3 a 4 horas, sin embargo, vaya al baño cada vez que tenga deseos.
  • El agua es la mejor opción para beber.
  • Mediante masajes, ejercicios o comidas, mueva los intestinos.
  • No descuide la actividad física.
  • Aliméntese de manera saludable.
  • Haga los ejercicios de Kegel.

Los ejercicios de Kegel ayudan a fortalecer los músculos pélvicos, sirven tanto para hombres como para mujeres y si los lleva a cabo con regularidad, pueden ayudarle a evitar la incontinencia y tener un mayor control intestinal.

Estos ejercicios puede realizarlos en cualquier momento, sea que se encuentre sentado o acostado, y consisten en contraer y soltar los músculos que controlan la orina, eso sí, debe tener la vejiga vacía y evitar apretar la cola y el abdomen. La frecuencia de los ejercicios debe ser en un conteo de 10 tiempos, 3 veces al día.

Un mal que no da tregua a las mujeres

Un mal que no da tregua a las mujeres

¡Mujer! consulte a su médico para que le ordene las pruebas diagnósticas que le evitarán graves problemas de salud. Prevenir siempre es mejor que curar.

El cuello uterino (CU) es la parte baja de la matriz (útero), ubicado en el lado superior de la vagina. Los dos tipos de células que cubren este órgano son las escamosas en el exocérvix (parte del CU más próxima a la vagina), y las glandulares en el endocérvix (parte más cercana al cuerpo del útero); cuando se encuentran constituyen la “zona de transformación”, lugar donde se origina la mayoría de los cánceres de cuello uterino.

Dichas células no se tornan en cáncer de repente, son las células normales del cuello uterino que gradualmente sufren cambios precancerosos de dos tipos: el carcinoma de células escamosas y el adenocarcinoma.

Investigaciones de la Sociedad Americana Contra el Cáncer explican que por lo general las primeras etapas de precáncer no presentan síntomas, y cuando sucede es porque un precáncer es invasivo verdadero y se ha movido a otro tejido. En ese caso, los síntomas serían sangrado vaginal anormal después de tener relaciones sexuales (coito-vaginal) con dolor, sangrado post menopausia, sangrado entre periodos menstruales que duren más de lo normal y sangrado post ducha vaginal.

Sin embargo todo es relativo. No todas las mujeres con precánceres de CU padecerán cáncer. Aunque puede ocurrir en un año, el cambio de precáncer a cáncer puede tardar años. En algunas mujeres, las células precancerosas pueden permanecer sin ningún cambio o desaparecer sin ningún tratamiento. Aun así, en algunas mujeres los precánceres se convierten en cánceres verdaderos (invasivos).

Y aunque estos síntomas no son prueba fehaciente para padecerlo, es importante consultar al médico y realizarse con regularidad las pruebas de Papanicolaou (citología del cuello uterino).

Datos estadísticos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos señalan que todas las mujeres tienen riesgo de contraer cáncer de cuello uterino; y que este cáncer se presenta con más frecuencia en mujeres mayores de 30 años de edad. Anualmente, cerca de 12.000 mujeres en los Estados Unidos contraen cáncer de cuello uterino y casi 4.000 mueren de esta enfermedad.

Asimismo, entre los factores de riesgo para padecer el cáncer de cuello uterino se encuentra principalmente la infección por el virus del papiloma humano (VPH), un grupo de más de 150 virus relacionados, causantes de los llamados papilomas o verrugas, llegando a infectar células de la superficie de la piel, genitales, ano, boca y garganta.

Otros factores que facilitan la expansión de esta enfermedad son: El consumo de tabaco, la mala alimentación, el sobrepeso, la inmunosupresión (infección del VIH), la clamidia (bacteria que afecta el sistema reproductor, conduciendo a la infertilidad), el uso prolongado de anticonceptivos (orales e intrauterinos), tres o más embarazos completos, menos de 17 años en su primer embarazo y los antecedentes familiares (mamá o hermana).

De acuerdo con información recopilada por la Biblioteca Nacional de Medicina de lo Estados Unidos (EE.UU.), el tratamiento para contrarrestar el cáncer de cuello uterino puede incluir cirugía, terapia de radiación, quimioterapia o una combinación de estos. El proceso dependerá del tamaño del tumor, si el cáncer se ha propagado o si usted quisiera quedar embarazada más adelante.

Como en otros cánceres, es posible prevenir los riesgos si se evitan hábitos como fumar, incorporando una dieta a base de frutas y verduras, y protegiéndose del VPH a través de vacunas.

A mayor edad, más complejidad

A mayor edad, más complejidad

Que no se le pasen los años tomando la decisión de tener un hijo.

Muchas mujeres hoy en día piensan en su realización profesional antes que en formar una familia y tener hijos, pero cuando les llega el momento y toman la decisión, se dan cuenta que por alguna razón desconocida, no pueden hacerlo. Entre otras razones, esto ocurre porque el número y la calidad de óvulos son reducidas  y descienden las posibilidades de fertilidad.

De acuerdo con Investigaciones de la Oficina para la Salud de la Mujer en el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, el término infertilidad significa no poder quedar embarazada después de intentarlo durante un año (o seis meses, si una mujer tiene 35 años o más). Cabe la posibilidad de que las mujeres que puedan quedar embarazadas, pero no puedan sostener el embarazo, también sean infértiles. De acuerdo a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), aproximadamente el 10 por ciento de las mujeres estadounidenses (6.1 millones) de entre 15 y 44 años de edad tienen dificultades para quedar embarazadas o sostener el embarazo.

Según el Centro Colombiano de Fertilidad y Esterilidad (Cecolfes), algunas causas de infertilidad en la mujer incluyen:

  • Uterinas: Anomalías congénitas del útero, miomas.
  • Endometriales: Pólipos, engrosamiento, miomas.
  • Ováricas: Quistes, ausencia de ovulación, menopausia temprana.
  • Tubáricas (Trompas): Obstrucción, adherencias.
  • Cervicales: Baja calidad del moco cervical.
  • Inmunológicas: Rechazo inmunológico del embrión.
  • Genéticas: Anormalidades cromosómicas.

Otras causas más comunes pueden ser: la diabetes, los problemas de la tiroides, tumores o cáncer, excesivo consumo de alcohol, tabaco o actividad física, trastornos alimenticios, desnutrición, desequilibrios hormonales, obesidad, cirugía para prevenir el embarazo (ligadura de trompas) o falla en la cirugía de recanalización de trompas (reanastomosis) e infección pélvica.

Tenga en cuenta que la infertilidad femenina puede ocurrir cuando los óvulos no pueden movilizarse libremente del ovario a la matriz, los ovarios tienen problemas para producir óvulos, el óvulo fecundado no sobrevive una vez se encuentra fijado al revestimiento de la matriz o útero.

La infertilidad se puede dividir en dos: primaria, manifestada en aquellas parejas que después de poco más de un año de relaciones sexuales sin el uso de métodos anticonceptivos, no logran quedar en embarazo; y secundaria se da en aquellas parejas que después de lograr un embarazo, se les dificulta lograr el segundo.

En estos casos, existen varios tipos de tratamiento que la pareja podría aplicar, en lo posible con ayuda médica, para lograr el embarazo deseado. La inseminación intrauterina y fecundación in vitro, medicamentos para tratar los diferentes tipos de infecciones o trastornos de coagulación que se presenten, medicamentos para ayudar a la formación de óvulos, ejercicios como tener relaciones cada tres días antes y durante la ovulación cada mes, o antes de que se presente la ovulación, afirman los especialistas, es de gran ayuda.

Si quiere quedar embarazada, no está de más hablarlo con su pareja e intentarlo, sin dejar de lado el consejo y aprobación de su médico.

Un mal que no da tregua a las mujeres

Directo al útero

Miomas y endometriosis, dos de las causas que hacen sangrar a la mujer.

La endometriosis es un problema que generalmente afecta el útero de la mujer (matriz) y ocurre cuando el tejido que normalmente recubre el útero crece en otras áreas del cuerpo (ovarios, detrás del útero, vejiga e intestino) provocando sangrado abundante, sangrado entre períodos e infertilidad.

Generalmente puede causar dolor en el abdomen, la pelvis o la parte baja de la espalda; puede generar calambres por más de una semana durante la menstruación; dolor durante o después del coito; dolor con las deposiciones, en otros casos puede ser asintomático. No se conocen causas de este trastorno y su primer signo puede ser la dificultad para lograr un embarazo.

Se considera una enfermedad frecuente, que suele ser diagnosticada entre los 25 y 35 años de edad. En ocasiones puede ser hereditaria, sin embargo, otras probabilidades de padecerla son la menstruación a temprana edad, si no ha tenido hijos, periodos frecuentes o que duren entre siete días o más, o si tiene un himen cerrado bloqueando el flujo de sangre menstrual los días de período.

Datos estadísticos de la Oficina para la Salud de la Mujer en el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos señalan que la endometriosis es un problema de salud tan común entre las mujeres, que los investigadores creen que al menos un 11 % de las mujeres, o más de 6 ½ millones de mujeres en los Estados Unidos tiene endometriosis.

Para estos casos, lo más recomendable sería en principio hacer ejercicio y técnicas de relajación, si el dolor persiste consultar al médico y hacerse exámenes o un tratamiento a base de analgésicos recetados o una hormonoterapia o supresión hormonal, que debe usarse sólo en casos en que la mujer no desee quedar embarazada.

Otras complicaciones, aunque raras veces, puede causar obstrucción de los intestinos o las vías urinarias o podría presentarse cáncer en áreas de crecimiento de tejido después de la menopausia. En estos casos se puede acudir a tratamientos quirúrgicos como: laparoscopia, laparotomía o la histerectomía (no recomendable si se desea tener hijos).

Los miomas uterinos, en cambio, son tumores que crecen en la matriz de la mujer y por lo general son benignos (no cancerígenos). En promedio, una de cada cinco mujeres, hacia los 50 años, los presentan.

Investigaciones recopiladas en la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (EE.UU.) indican que al igual que la endometriosis, los miomas son de causa desconocida, aunque se cree que son originados por hormonas en el cuerpo y a su vez parecen hereditarios. Pueden ser diminutos o de gran tamaño hasta el punto de llenar todo el útero y generar síntomas como sangrado entre períodos, sangrado menstrual abundante, periodos menstruales de mayor duración, necesidad de orinar con frecuencia, sensación de llenura, dolor durante el coito, entre otros.

Se consideran factores de riesgo: la edad, la etnia (generalmente afecta más a mujeres afrodescendientes), la perimenopausia o climaterio (periodo previo a la menopausia) y las altas concentraciones de progesterona.