Caballero: El tacto rectal y una prueba de laboratorio le pueden salvar la vida

Caballero: El tacto rectal y una prueba de laboratorio le pueden salvar la vida

El cáncer de próstata descubierto en sus etapas tempranas puede ser curado. Para ello el diagnóstico a través de la palpación y el test de antígeno prostático son fundamentales. No sea necio, vaya al médico.

Las células glandulares son aquellas que producen el líquido de la próstata que es agregado al semen. El lugar donde se producen generalmente todos los cánceres de próstata, denominados adenocarcinomas.

Otros tipos de cáncer originados en la glándula prostática pueden ser: sarcomas, carcinomas de células pequeñas, tumores neuroendocrinos y carcinomas de células transicionales, que no suelen ser tan frecuentes como el primero.

La próstata es una glándula que sólo tienen los hombres, que sirve para producir el líquido que protege y nutre a los espermatozoides presentes en el semen. Está ubicada debajo de la vejiga urinaria y delante del recto, tiene un crecimiento rápido durante la pubertad gracias al aumento en hormonas masculinas (andrógenos), como la testosterona y dihidrotestosterona.

Según el estudio “Evolución de la mortalidad por cáncer de próstata en Colombia”, publicado por la Sociedad Colombiana de Urología, esta enfermedad es la primera causa de incidencia y la segunda de mortalidad por cáncer en la población masculina. Los más afectados son aquellos entre 60 y 75 años.

Los síntomas más comunes son problemas al orinar, flujo urinario lento o debilitado, necesidad de orinar con más frecuencia en la noche, sangre en la orina, dificultad para lograr una erección, dolor en las caderas, espalda, tórax, debilidad o adormecimiento en las piernas, pies o incluso pérdida del control de la vejiga.

El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos relaciona esta enfermedad con otras afecciones que pueden producir los mismos síntomas. En la medida en que los hombres envejecen, la próstata se puede volver más grande y obstruir la uretra o la vejiga. Esto puede causar problemas urinarios o sexuales. Esta afección se llama hiperplasia prostática benigna (HPB) y, aunque no es cancerosa, es posible que se necesite cirugía. Los síntomas de la hiperplasia prostática benigna u otros problemas de próstata pueden ser similares a aquellos del cáncer de próstata.

Entre los factores que podrían afectar el riesgo del hombre de sufrir esta enfermedad, se encuentran aquellos que no se pueden cambiar como edad -a partir de los 40 años- y grupo étnico, siendo la raza negra más propensa a sufrir y fallecer por esta enfermedad. En algunos casos, el factor hereditario: cuando padre o hermano padecieron cáncer de próstata, el riesgo se duplica.

Teniendo en cuenta que riesgos como los antes mencionados no se pueden controlar y otros como el tabaquismo, obesidad y procedimientos como la vasectomía, no tienen científicamente comprobada su relación con este cáncer, se recomiendan actividades saludables y sencillas como mantener un peso saludable, consumir frutas y verduras en vez de carnes rojas y hacer ejercicio como método de prevención.

La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (EE.UU.), en investigaciones recopiladas, enfatiza que para detectar un cáncer de próstata, el PSA (prueba sanguínea del antígeno prostático específico) y el tacto rectal, donde el médico introduce su dedo (con guante y lubricante) para palpar alguna anomalía, son los dos procedimientos que han dado mejores resultados.

La garganta: Clave en el desarrollo de cáncer, entérese

La garganta: Clave en el desarrollo de cáncer, entérese

Dificultad al tragar los alimentos, aunque pueda deberse a otra afección, es tal vez el síntoma clave para detectar cáncer.

El cáncer de esófago, también llamado cáncer esofágico, por lo general se origina en la capa más interna (mucosa) y crece hacia afuera (submucosa y capa muscular) de este órgano del sistema digestivo. En la Clínica Universidad de Navarra (España) se recopilan estudios investigativos que señalan los dos tipos de cáncer de esófago: El carcinoma epidermoide o de células escamosas, que se manifiesta en cualquier lugar a lo largo del esófago, generalmente en la parte media alta; y el adenocarcinoma, que predomina en la parte inferior del esófago y se origina de células glandulares.

El esófago es un tubo muscular hueco que conecta la garganta con el estómago; cuando los alimentos son digeridos, se van a través del lumen o interior del esófago, para llegar al estómago. Cuando hay cáncer en este órgano, por lo general se puede descubrir gracias a los síntomas, que desafortunadamente, se muestran cuando el cáncer está en etapa avanzada.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a medida que se desarrolla la enfermedad la abertura dentro del esófago comienza a tornarse más estrecha y generar que el cáncer siga creciendo, lo que puede dificultar el paso de los alimentos.

La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (EE.UU.), en sus investigaciones señala los síntomas más insinuantes de esta enfermedad, tales como: Dolor en el pecho, que puede ser causado por el reflujo (acidez), la pérdida de peso, ronquera, tos crónica, vómito, hipo, pulmonía, dolor en los huesos y sangrado en el esófago (excreción negra), no son síntomas certeros de la presencia del cáncer de esófago, pero sin lugar a dudas son razón importante para consultar al médico de manera urgente.

Según datos estadísticos del Manual Merck de información médica, cada año en Estados Unidos se estima un número de 17.990 casos de cáncer de esófago y de 15.000 muertes por esta causa. Tanto el carcinoma de células escamosas como el adenocarcinoma son más frecuentes en hombres que en mujeres. El carcinoma de células escamosas es más frecuente en personas de ascendencia africana, mientras que el adenocarcinoma es más frecuente en las de ascendencia caucásica.

Por otra parte, al padecer esófago de Barrett, si el reflujo del ácido estomacal en la parte baja del estómago continúa durante mucho tiempo, puede dañar el revestimiento interno del esófago, causando que las células escamosas que lo recubren normalmente sean reemplazadas con células glandulares. Con el tiempo, esas células pueden ser anormales y provocar una afección precancerosa (displasia).

Y aunque no es posible prevenir todos los cánceres, se puede disminuir el riesgo de padecerlos, siempre y cuando se reduzcan factores como el consumo de alcohol, tabaco y la tendencia al sobrepeso, por lo cual resulta conveniente incluir en la dieta diaria una cantidad considerable de frutas y verduras.

Un mal que no da tregua a las mujeres

Un mal que no da tregua a las mujeres

¡Mujer! consulte a su médico para que le ordene las pruebas diagnósticas que le evitarán graves problemas de salud. Prevenir siempre es mejor que curar.

El cuello uterino (CU) es la parte baja de la matriz (útero), ubicado en el lado superior de la vagina. Los dos tipos de células que cubren este órgano son las escamosas en el exocérvix (parte del CU más próxima a la vagina), y las glandulares en el endocérvix (parte más cercana al cuerpo del útero); cuando se encuentran constituyen la “zona de transformación”, lugar donde se origina la mayoría de los cánceres de cuello uterino.

Dichas células no se tornan en cáncer de repente, son las células normales del cuello uterino que gradualmente sufren cambios precancerosos de dos tipos: el carcinoma de células escamosas y el adenocarcinoma.

Investigaciones de la Sociedad Americana Contra el Cáncer explican que por lo general las primeras etapas de precáncer no presentan síntomas, y cuando sucede es porque un precáncer es invasivo verdadero y se ha movido a otro tejido. En ese caso, los síntomas serían sangrado vaginal anormal después de tener relaciones sexuales (coito-vaginal) con dolor, sangrado post menopausia, sangrado entre periodos menstruales que duren más de lo normal y sangrado post ducha vaginal.

Sin embargo todo es relativo. No todas las mujeres con precánceres de CU padecerán cáncer. Aunque puede ocurrir en un año, el cambio de precáncer a cáncer puede tardar años. En algunas mujeres, las células precancerosas pueden permanecer sin ningún cambio o desaparecer sin ningún tratamiento. Aun así, en algunas mujeres los precánceres se convierten en cánceres verdaderos (invasivos).

Y aunque estos síntomas no son prueba fehaciente para padecerlo, es importante consultar al médico y realizarse con regularidad las pruebas de Papanicolaou (citología del cuello uterino).

Datos estadísticos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos señalan que todas las mujeres tienen riesgo de contraer cáncer de cuello uterino; y que este cáncer se presenta con más frecuencia en mujeres mayores de 30 años de edad. Anualmente, cerca de 12.000 mujeres en los Estados Unidos contraen cáncer de cuello uterino y casi 4.000 mueren de esta enfermedad.

Asimismo, entre los factores de riesgo para padecer el cáncer de cuello uterino se encuentra principalmente la infección por el virus del papiloma humano (VPH), un grupo de más de 150 virus relacionados, causantes de los llamados papilomas o verrugas, llegando a infectar células de la superficie de la piel, genitales, ano, boca y garganta.

Otros factores que facilitan la expansión de esta enfermedad son: El consumo de tabaco, la mala alimentación, el sobrepeso, la inmunosupresión (infección del VIH), la clamidia (bacteria que afecta el sistema reproductor, conduciendo a la infertilidad), el uso prolongado de anticonceptivos (orales e intrauterinos), tres o más embarazos completos, menos de 17 años en su primer embarazo y los antecedentes familiares (mamá o hermana).

De acuerdo con información recopilada por la Biblioteca Nacional de Medicina de lo Estados Unidos (EE.UU.), el tratamiento para contrarrestar el cáncer de cuello uterino puede incluir cirugía, terapia de radiación, quimioterapia o una combinación de estos. El proceso dependerá del tamaño del tumor, si el cáncer se ha propagado o si usted quisiera quedar embarazada más adelante.

Como en otros cánceres, es posible prevenir los riesgos si se evitan hábitos como fumar, incorporando una dieta a base de frutas y verduras, y protegiéndose del VPH a través de vacunas.

Vacuna contra el cáncer, ¿una realidad?

Vacuna contra el cáncer, ¿una realidad?

Con la esperanza de que haya menos dolor, médicos mexicanos desarrollan tratamiento contra recurrencia del cáncer.

Un grupo de oncólogos y hemato-oncólogos mexicanos, con la colaboración de la doctora Nora Disis de la Universidad de Washington, trabajan a favor de un tratamiento contra la recurrencia de diversos tipos de cáncer, mediante la estimulación del sistema inmunológico.

El doctor Juan Pablo Márquez Manríquez, del Centro Internacional del Cáncer en Sonora (CICS), cabeza del grupo, explica que la nueva terapia radica en entrenar al sistema inmunológico para reconocer y eliminar a la célula cancerosa que haya quedado de un tratamiento convencional.

“Empezamos con un estudio piloto emergente que era de cinco hasta máximo 25 pacientes de cáncer de ovario, colon, mama, mieloma múltiple. Hasta hoy sólo murió una paciente en 2014, pero por una enfermedad cardiaca”, explica.

Las próximas pruebas se realizarán en la Ciudad de México, Ciudad Obregón (Sonora) y probablemente Tijuana (Baja California), bajo la supervisión del Instituto Nacional de Cancerología, como máxima institución en el tema, en México y Latinoamérica.

Los pacientes seleccionados serán hombres y mujeres entre 18 y 99 años de edad, los cuales deben encontrarse en etapa de remisión del cáncer (ya haberlo padecido). “El médico explica que en el caso del cáncer de colon, si se detecta en una etapa temprana, 90.1 por ciento de los pacientes sobreviven los cinco años, pero si el cáncer se expandió a otros órganos sólo 11.7 por ciento de los pacientes sobreviven. Algo similar sucede con el cáncer de mama y de ovario”.

Afirman los expertos que, de las tres fases requeridas por las pruebas para determinar eficacia y seguridad del tratamiento, pueden llevar a cabo fases 1 y 2 juntas, permitiendo el avance. “Si empezamos en 2016, para 2022 tendríamos completadas la fases 1, 2 y 3. Aunque si las autoridades ven que está funcionando, se puede hacer más rápido: juntar la fase 1 y 2”, señala el doctor Márquez.

Un factor positivo en el estudio es que la vacuna no produce autoinmunidad ni toxicidad y sería efectuado con los tipos de tumores más recurrentes, (ovario, mama, mieloma y colon), porque son tumores que recurren tan rápido como tres meses o seis meses, aunque el paciente esté libre de enfermedad.