Científicos de todo el mundo están de acuerdo en que las nuevas expectativas que se han generado alrededor del aceite de esta fruto NO tienen fundamento. Infórmese y aliméntese a conciencia.

La Asociación Americana del Corazón ha confirmado lo científicamente comprobado desde hace mucho tiempo: el aceite de coco debe consumirse con prudencia, pues al igual que la mantequilla, contiene altos niveles de grasas saturadas que coadyuvan a elevar los índices del colesterol LDL (ateroesclerosis) que forman placas y taponan las arterias con consecuencias graves como infarto cardiaco y accidentes cerebrovasculares.

Sin embargo, a menos que el médico lo ordene, no es necesario dejar de comer de vez en cuando las delicias del recetario colombiano que incluyen aceite de coco, y usar de manera regular otras fuentes de grasas para la alimentación habitual: oliva, girasol y ajonjolí, entre otros.

La confusión acerca del uso “saludable” del aceite de coco se produjo a raíz de noticias falsas que buscaron darle a este producto la imagen de coadyuvante en la regeneración celular, preventivo de la demencia senil y hasta beneficioso para la salud cardiovascular. Lamentablemente, todo lo anteriormente citado NO ES VERDAD.

Es así como las autoridades médicas, alertaron a las personas con elevados niveles de colesterol a continuar sus dietas saludables con el rigor que exige su condición: limitar el consumo de grasas saturadas a un máximo del 6% del total de su alimentación diaria. Así mismo, recomendó que las personas adultas sin problemas de colesterol consuman un máximo de un 10% de grasas saturadas en sus alimentos del día.

Por último, ante cualquier inquietud relacionada con los alimentos, lo mejor es acudir al médico o al nutricionista y considerar con mucha reserva toda noticia que presente un producto alimenticio como la solución para todo problema de salud.