Problemas de obesidad e hipertensión son un camino fácil para llegar a sufrir SAOS.

El sueño es una función cerebral en el que una serie de estadios definidos como I, II, III, IV, suceden de modo cíclico. El ciclo caracterizado por patrones neurofisiológicos se repite cada 60 o 90 minutos haciendo el sueño reparador durante la noche.

Investigaciones afirman que durante el sueño, el control de la respiración pasa de ser un acto semivoluntario a convertirse en una actividad de autorregulación de máxima prioridad biológica, debido a lo cual, las enfermedades respiratorias que puedan presentarse durante el sueño, alteran las fases de éste, evitándole restaurar el organismo.

Por lo general, la vía aérea respiratoria está limpia y las personas pueden respirar con tranquilidad mientras duermen, no obstante, hay casos en los que se bloquea porque los tejidos se cierran y causan lo que se conoce como apnea.

El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) es un colapso repetido de la respiración por horas, que suele durar entre 20 y 30 segundos. Tiene gran incidencia en personas mayores de 30 años de edad, especialmente del sexo masculino.

Esta condición se puede dividir en tres:

  1. Apnea obstructiva del sueño: Es la más frecuente y sucede durante la noche al haber interrupción del flujo aéreo por obstrucción de la vía respiratoria.
  2. Apnea del sueño central: Aquí aunque las vías permanecen abiertas, el cerebro deja de enviar las señales a los músculos que controlan la respiración y la interrumpen. Ocurre también en la noche.
  3. Apnea del sueño mixta: Se mezclan las dos anteriores, empezando por una apnea central que con el tiempo se vuelve obstructiva.

El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre del Departamento de salud y servicios Humanos de Estados Unidos (EE.UU.), señala que la apnea obstructiva del sueño es más frecuente en personas con sobrepeso, pero puede afectar a cualquiera. Por ejemplo, los niños pequeños que tienen las amígdalas inflamadas pueden tener apnea obstructiva del sueño.

El síntoma más frecuente y que por lo general lo descubre el compañero del paciente en la noche, son los ronquidos y la somnolencia diurna en exceso. Otros indicios clasificados entre los que se dan en la mañana y en la noche son:

Síntomas nocturnos: Actividad motora anormal o trastornos del movimiento, interrupción del sueño, enuresis o incontinencia urinaria, reflujo gastroesofágico, sudoración nocturna e insomnio.

Síntomas diurnos: Hipersomnia o sueño profundo, cefalea, impotencia o disminución de la libido, trastornos psiquiátricos, alteración de la voz, deterioro intelectual, déficit de la memoria, accidentes de tráfico, sequedad de la boca y cefalea matinal, sueño poco reparador.

La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (EE.UU.) hace mención de las posibles complicaciones que puede desencadenar esta enfermedad al no ser tratada: Arritmias cardíacas, insuficiencia cardíaca, ataque cardíaco,, hipertensión arterial y accidente cerebrovascular.

Este colapso eleva la presión arterial y aumenta el riesgo cardiovascular, sin embargo, si hay un tratamiento sostenido puede disminuir las complicaciones vasculares.

FUENTES: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000811.htm
https://www.nhlbi.nih.gov/health-spanish/health-topics/temas/sleep_apnea