El estrés psicosocial puede ser un gran desencadenante de ataques asmáticos o sumarse a las  exposiciones nocivas que lo generan.

Se conoce por asma a la obstrucción y dificultad del paso del aire como consecuencia del estrechamiento de las vías aéreas, a causa de inflamación e hiperreactividad bronquial.

Esta condición tiene una causa genética y otra ambiental, en las que se encuentran elementos desencadenantes como las infecciones respiratorias virales, trastornos emocionales y algunos factores inespecíficos como cambios en la temperatura, inhalación de aire frio; irritantes como vapores de gasolina, humo de cigarrillo o la exposición a alérgenos.

Los alérgenos como polen, moho, polvo o caspa de animales, son los generadores del asma extrínseca o alérgica. Por el contrario, cuando la causa son factores infecciosos, irritantes o emocionales, se habla de asma intrínseca o no alérgica.

Investigaciones de la Clínica Universidad de Navarra, afirman que por lo general, el asma se manifiesta a través de los mismos síntomas: sibilancias, disnea, y tos, que suelen empeorar por la noche. A medida que la enfermedad se vuelve más compleja, se observa el aumento de la frecuencia respiratoria y movimientos respiratorios que exigen un mayor movimiento de la musculatura.

Sin embargo, la frecuencia e intensidad de los síntomas difieren según los asmáticos. De acuerdo a esto, se pueden encontrar episodios sintomáticos ocasionales de una duración breve, otros pueden presentar tos y sibilancia la mayor parte del tiempo, con riesgos graves si se exponen a alérgenos ya mencionados.

Un ataque de asma puede iniciarse de dos maneras; la primera de forma aguda con paroxismos de sibilancias, tos y disnea, o de manera insidiosa con un aumento progresivo y lento de los signos y síntomas de insuficiencia respiratoria. Ambos casos sirven para identificar el inicio de la disnea, taquipnea, tos, opresión en el tórax y sibilancia audibles.

Se caracterizan porque presentan un estrechamiento de las vías respiratorias grandes y pequeñas, dependiente de un espasmo del músculo liso bronquial, edema e inflamación de la mucosa y producción de moco viscoso. Dichas anomalías de la función pulmonar, pueden durar entre semanas y meses luego de un ataque agudo aun siendo asintomáticos.

Los ataques de asma agudos se identifican por la variabilidad en los niveles de la insuficiencia respiratoria, según la gravedad y duración. Los síntomas que se manifiestan son: aumento de la presión arterial sistólica, taquipnea, sibilancia audibles, ansiedad y taquicardia.

Cuando los episodios son prolongados, varían los niveles de deshidratación debido a que los pulmones pierden agua considerablemente, una consecuencia que prosigue a la taquipnea. En los casos más graves de ataques asmáticos, el paciente no consigue mantener una conversación sin detenerse a respirar al entonar cada palabra.

Según la Biblioteca Nacional de Medicina de lo Estados Unidos (EE.UU.), el cuidado del asma en casa es algo  fundamenta l, por eso es importante aprender a tomar la lectura de su flujo máximo y lo que significa, conocer cuales desencadenantes empeoran el asma y qué hacer cuando esto sucede.

Para dar con el correcto diagnóstico de esta enfermedad, ayudan las pruebas de la función pulmonar y el tratamiento puede incluir o no fármacos, dependiendo del estado del paciente y la aceptación del médico tratante.

Por último, el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre del Departamento de salud y servicios Humanos de Estados Unidos advierte a la personas que van a someterse a alguna cirugía y padecen de asma, avisar a su cirujano para tomar las medidas preventivas que sean necesarias y así disminuir cualquier riesgo.

FUENTES: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000141.htmhttp://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/asma-bronquial
https://www.nhlbi.nih.gov/health-spanish/health-topics/temas/asthma/treatment