La enfermedad de Ménière se caracteriza por vértigo recurrente, sordera y tinnitus asociado a la dilatación generalizada del laberinto membranoso.

Este trastorno ocurre en el oído interno, que contiene tubos llenos de líquido llamados laberintos, que junto con un nervio en el cráneo, le ayudan a interpretar la posición de su cuerpo y a mantener el equilibrio.

Los cuatro síntomas principales de la enfermedad son: hipoacusia variable (pérdida de la audición), presión en el oído, zumbido o retumbo en el oído afectado (tinnitus), vértigo o mareo que dependiendo de su intensidad, es el síntoma que causa más problemas, así lo revela la Clínica Mayo de los Estados Unidos.

Con frecuencia pueden presentarse náuseas, vómitos y sudoración intensos, lo que hace que los síntomas empeoren con el movimiento repentino. La duración de los mareos y la pérdida del equilibrio pueden durar desde 20 minutos hasta 24 horas.

Por otra parte, en el Manual Merck se afirma que, la pérdida de la audición generalmente sucede en uno de los oídos pero hay casos en los que puede afectar a ambos. La audición cuando es de baja frecuencia se pierde primero, sin embargo, puede recuperarse entre ataques y empeorar con el tiempo.

Otros síntomas incluyen diarrea, náuseas y vómitos, dolores de cabeza, molestia en el abdomen y movimientos incontrolables del ojo. Aunque se desconoce la causa, se sabe que la enfermedad puede ocurrir cuando la presión del líquido en una parte del oído es demasiado alta.

La enfermedad de Ménière puede estar relacionada con traumatismo craneal, infección del oído medio o interno y otros factores como: alergias, enfermedad viral reciente, estrés, tabaquismo, consumo de alcohol, algunos medicamentos y antecedentes familiares.

Para ésta enfermedad no se conoce cura, no obstante, algunas recomendaciones podrían ayudar a aliviar y/o controlar los síntomas:

  • Evitar el tabaquismo
  • Un estilo de vida saludable (alimentación sana y equilibrada)
  • Dormir lo suficiente
  • Realizar actividad física
  • Reducir la cafeína
  • Una dieta baja en sal
  • Evitar luces brillantes (televisión) o leer durante los ataques.
  • Evitar manejar vehículos o llevar a cabo tareas de carga pesada.
  • Evitar movimientos bruscos.
  • Mantenerse quieto y descansar tras los síntomas.