Un trastorno que poco a poco consume la vejez hasta volverla totalmente dependiente

El Parkinson es una enfermedad crónica con daños en varias estructuras del sistema nervioso y una sintomatología diferente por la afectación de distintos sistemas como el autónomo (cambios en sudoración, hipotensión ortostática o baja de la presión por rápido cambio de posición, alteraciones gastrointestinales o genitourinarias), sistema ímbico (respuestas emocionales, aprendizaje y memoria) y somatosensorial (centros de recepción y proceso), además de los problemas motores.

La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (EE.UU.), explica que la enfermedad de Parkinson es un tipo de trastorno del movimiento, este curre cuando las células nerviosas (neuronas) no producen suficiente cantidad de dopamina, una sustancia química importante en el cerebro. Algunos casos son genéticos pero la mayoría no parece darse entre miembros de una misma familia.

Puede ser de evolución muy lenta según cada paciente, pero cabe resaltar que no es una enfermedad fatal. Afecta tanto a hombres como a mujeres especialmente mayores de 65 años, y sigue siendo de causas desconocidas.

Entre sus principales síntomas se encuentran los temblores que pueden ser rítmicos o lentos, rigidez muscular representada en una resistencia al movimiento de las extremidades, lentitud en los movimientos voluntarios (bradicinesia), inexpresión  en la cara, torpeza en la manipulación de cualquier objeto, inclinación de tronco y cabeza hacia adelante, al andar se produce una marcha lenta arrastrando los pies y trastornos de equilibrio.

La enfermedad está clasificada en cinco fases de progresión. En la primera etapa los síntomas son leves como cansancio, dolores articulares, depresión de larga duración; en la etapa dos, dichos síntomas aumentan su intensidad y no hay trastorno de equilibrio; durante la etapa tres, hay inestabilidad postural; en la etapa cuatro, aunque el paciente se puede defender solo, hay una incapacidad grave y finalmente, en la etapa cinco, el paciente es totalmente dependiente y pasa la mayor parte del tiempo sentado o en la cama.

El Parkinson no es igual a la enfermedad de Alzheimer puesto que no se alteran las mismas áreas cerebrales, el juicio, el sentido común, ni la memoria. El primero afecta las funciones motoras (movimientos) y el segundo las cognitivas (mentales). Afirman los especialistas, que sólo los pacientes (por lo general la minoría), en etapa muy avanzada o con “parkinsonismo” pueden desarrollar el deterioro mental o demencia.

Según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Norteamérica, una gran variedad de trastornos puede causar síntomas similares a los de la enfermedad de Parkinson; se dice que las personas con síntomas similares a los de Parkinson pero que se deben a otras causas tienen parkinsonismo. Algunos de estos trastornos incluyen: Atrofia multisistémica, demencia con cuerpos de Lewy, parálisis supranuclear progresiva, y degeneración corticobasal.

Es importante conocer bien la patología del paciente porque en el caso de los parkinsonismos, estos tienen una evolución más rápida aunque responden mal a los fármacos con levodopa a diferencia del párkinson típico, puede causar mayor daño físico y mental, no es buen candidato para neurocirugía.

Hoy en día no se conoce cura, cambios en el estilo de vida, ejercicio o alimentación que puedan prevenir el Parkinson, lo que debe hacer un paciente con este diagnóstico, es seguir las recomendaciones de los médicos y cuidarse lo mejor posible.

FUENTES: https://medlineplus.gov/spanish/parkinsonsdisease.html
https://www.espanol.ninds.nih.gov/trastornos/parkinson_disease_spanish.htm