Es la enfermedad que crece a diario por trastornos mentales, neurológicos y abuso de sustancias, es un problema de salud pública, afirma la Organización Mundial de la Salud, OMS.

Caracterizado por el deterioro de memoria, intelecto, comportamiento y capacidad para realizar diferentes actividades cotidianas, la demencia afecta principalmente a personas mayores, lo que no quiere decir que sea una consecuencia normal de envejecimiento.

De acuerdo con la Biblioteca Nacional de la Salud de los Estados Unidos (EE.UU.), la mayoría de los tipos de demencia son irreversibles (degenerativos), es decir, que los cambios en el cerebro que están causando esta enfermedad no pueden detenerse ni revertirse.

Daño cognitivo leve, demencia vascular, demencia con cuerpos de Lewy, trauma cerebral, son entre otros, trastornos de demencia. Sin embargo, es la enfermedad de Alzheimer la causa más común en el mundo.

Con un impacto físico, psicológico, social y económico, la demencia como tal es la enfermedad que más discapacidad y dependencia crea entre los adultos mayores. Afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio, en ocasiones puede deteriorarse el control emocional, comportamiento social o motivación.

Las personas que padecen este síndrome son afectadas de manera diferente dependiendo de sus personalidades antes de la enfermedad y el impacto de la misma. Existen tres etapas de la demencia que se diferencian según sus signos y síntomas.

La etapa temprana se caracteriza por factores como tendencia al olvido, pérdida de la noción del tiempo y desubicación espacial. Más adelante, en la etapa intermedia se olvidan hechos personales recientes, hay dificultad para comunicarse y cambios en el comportamiento como repetir las mismas preguntas varias veces al día, necesitan ayuda con su aseo y cuidado personal. Ya en la etapa tardía, la dependencia es muy evidente pues se les dificulta caminar, reconocer allegados y su comportamiento desemboca en agresiones.

Para esta enfermedad no existe tratamiento que pueda curarla o revertir su evolución, no obstante, hay intervenciones que apoyan y ayudan a mejorar la calidad de vida, no sólo del paciente, sino de sus familiares y quienes se hacen cargo de ellos.

Investigadores del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Norteamérica están evaluando la eficacia de un programa de ejercicios aeróbicos supervisados para incrementar la cognición general en adultos con declive cognitivo relacionado con la edad. Predicen que las mayores ganancias cognitivas las tendrán los individuos con mayores ganancias en estado físico. Otro estudio determinará si el ejercicio previene que la pérdida de memoria empeore y si mejora el funcionamiento diario y las actitudes de quienes sufren una probable enfermedad de Alzheimer. Los investigadores esperan también lograr una mejor comprensión de los efectos del ejercicio y el entrenamiento cognitivo sobre la mejoría en la función cerebral en adultos mayores sanos que podrían estar en riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

Según la OMS, el objetivo de las intervenciones radica en el diagnóstico precoz de la demencia, optimizar la salud física, la cognición, la actividad y el bienestar; identificar y tratar enfermedades físicas, detectar y tratar síntomas psicológicos y conductuales y proporcionar información y apoyo a largo plazo a los cuidadores.

No se conocen factores de riesgo como tal para este síndrome, sin embargo, la prevención se centra contra los factores de riesgo a enfermedades relacionadas como diabetes, hipertensión, obesidad, tabaquismo, inactividad física y enfermedades vasculares.

FUENTES: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000739.htm
https://espanol.ninds.nih.gov/trastornos/demencias.ht