Esta infección respiratoria puede ser causada por virus, bacterias u hongos. Según la OMS, es responsable del 15% de todas las defunciones de menores de 5 años. Prácticas adecuadas de higiene y seguimiento responsable evitan complicaciones.

Los adultos mayores de 65 años y los niños menores de 5 años de edad, son quienes tienen mayor riesgo de padecerla. La infección se puede propagar a través de los virus presentes en garganta y nariz, cuando son inhalados por los pulmones, o mediante las partículas de estornudos o tos presentes en el aire.

Generalmente, la neumonía se manifiesta a través de fiebre alta, escalofríos, tos con flema, dolor en el pecho o ahogo, según su forma de presentarse (vírica o bacteriana). Las sibilancias, por ejemplo, son más frecuentes en las infecciones víricas.

En el caso de los niños, es diagnosticada por respiración rápida (taquipnea) y manifestación de signos como tos, dificultad para respirar y fiebre. Los lactantes por su parte, cuando la afectación es muy grave, pueden perder la consciencia, sufrir convulsiones e hiportermia.

Los agentes infecciosos más comunes son streptococcus pneumoniae (causa neumonía bacteriana en niños); haemophilus influenzae de tipo b (Hib) (segunda causa de neumonía bacteriana); el virus sincitial respiratorio (más frecuente de neumomía vírica) y pneumocystis jiroveci (importante causa en niños menores de seis meses con VIH/SIDA).

Se conoce por inmunodepresión a la disminución de las defensas en el organismo. Cuando los niños presentan este trastorno, son más propensos a contraer la enfermedad, debido a que su sistema inmunitario puede debilitarse por malnutrición o desnutrición.

Otros factores como la ausencia de leche materna en lactantes, enfermedades como el sarampión, VIH asintomático o causas ambientales como contaminación por leña, excrementos o combustible y el consumo de tabaco en espacios cerrados (casa), también afectan considerablemente a esta población.

Afirman los especialistas que la neumonía siempre será mejor prevenirla que tratarla y según la OMS, la inmunización contra la Hib, neumococos, sarampión y tosferina, es la forma más eficaz de prevenir la infección.

Además de una nutrición adecuada, un constante y bien hecho lavado de manos, la higiene en los hogares la alimentación exclusiva de leche materna durante los primeros seis meses en lactantes, son claves para también mejorar las defensas del niño. En casos de niños con VIH, un tratamiento diario con antibiótico recetado por el médico, reduce el riesgo de contraer neumonía.