Según la más reciente encuesta nacional de salud, realizada por el Ministerio de Salud y Protección Social, “la justificación” para cometer actos de violencia en hombres y mujeres evidencia lo mucho que nos falta en la comprensión de este fenómeno.

Partiendo de la afirmación: “Si otros niños insultan o le pegan a su hijo, usted le diría que los insulte o les pegue también, que no se deje”, los padres a nivel nacional estuvieron en desacuerdo (83,7%) sin distinción de género, el otro 13,8% avala el enunciado.

Sin embargo, es contradictoria la percepción de la población sobre la agresión física: “el 32,5% considera que el castigo físico es necesario para corregir a los hijos y el 23,9% cree que el hombre puede golpear a la mujer cuando ésta le da motivos, un 10% considera necesario el uso de la agresión física para ganar respeto y el 8,8% como necesaria para terminar un problema”.

Entre los factores asociados, las personas atribuyen este comportamiento al consumo de alcohol o a una enfermedad. El 80% y el 90% de los encuestados, no considera que agredir dé más poder al victimario y más paradójico aún, no lo consideran un acto cobarde.

La agresión física generalmente comienza desde la niñez y en los hogares; el 54% de los casos dio positivo en la encuesta con un porcentaje mayor en los hombres. Al indagar en el contexto familiar, el 40% lo considera un asunto privado y el 9,2% está de acuerdo con que sea tipificada como un delito cuando ocurre por fuera del ámbito familiar.

Casi tres millones y medio de personas mayores de 18 años han sido víctimas de alguna agresión. Al destacar por género, los hombres tienen un 14,6% sobre un 11,9% para las mujeres; el ataque más frecuente para ambos, es ser empujados, seguido por acciones como apuñalear, patear, arrastrar y amenazar con arma de fuego.

Las mujeres son más afectadas con intentos de estrangulamiento, quemadura y abuso sexual. El 42,2% de los casos corresponden a parientes, seguido por conocidos o amigos y sólo un 25% eran desconocidos.

Muy pocas personas denuncian (13,3%). Quienes no lo hacen, tienen razones como: “no lo consideraron necesario (28,7%), siente que los daños no fueron fuertes (21,3%), lo puede resolver por sí misma (13,8%), es parte de la vida (10%), no quiere dañar a quien la agredió (7,6%); por miedo a nuevas agresiones (5,9%), no cree en la justicia (4,2%).