El Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), la Organización Humanitaria de la Iglesia Católica (Caritas) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), crearon hace algunos años la Colección Pastoral de la Infancia orientado a apoyar a las familias en el desarrollo psicosocial  de la primera infancia.

A partir del título “Desarrollo Psicosocial de los niños y las niñas”, afirman las autoridades en el tema, que “se ha comprobado que la autoconfianza, la autoestima, la seguridad, la capacidad de compartir y amar, e incluso las habilidades intelectuales y sociales, tienen sus raíces en las experiencias vividas durante la primera infancia en el seno familiar”.

Sin embargo, no todos los niños cuentan con la suficiente ayuda para su normal y feliz desarrollo durante sus primeros años; ya sea porque los padres o las personas a cargo del menor de edad no consideran importante aspectos como el contacto físico y emocional, los vínculos amorosos, la interacción de estos con el mundo y la seguridad que ofrece un ambiente cálido en el hogar.

La relación del niño con sus padres debería comenzar desde el período de gestación, puesto que es una oportunidad para el acercamiento tanto de la pareja (padre-madre), como de los padres hacia su hijo. Es importante que el niño nazca dentro de un hogar que lo reciba con cariño y más aún que la experiencia se afronte como natural y positiva y no como una enfermedad.

Cuando se habla de establecer un vínculo afectivo, es necesario que las relaciones con las personas que se encuentran con y alrededor del niño, sea cálida y cercana; ¿esto para qué?, para desarrollar la seguridad y la confianza en sí mismo, que aprenda a expresar sus sentimientos, a conocerse y desarrollar su autoestima.

Por otro lado, la interacción del niño con el mundo, es indispensable e importantísima porque aprende a desarrollar sus capacidades físicas y psicológicas, aprende a ser independiente y un explorador del medio que lo rodea, especialmente porque este descubrimiento lo hace a través de dos herramientas que le facilitarán la comunicación: el lenguaje y el juego.

Existen nuieve tipos de juegos y estos son: en solitario, en grupo, libres, con reglas, con adultos, con niños, verbales, de imaginación o con materiales. Cabe resaltar que “el juego le permite al niño: moverse y así desarrollar los músculos del cuerpo, explorar el mundo que lo rodea y así aprender sobre la naturaleza, las plantas, los animales, los objetos hechos por el hombre, aprender de los niños y personas mayores, desarrollar la imaginación y la creatividad y entretenerse, divertirse y expresar los sentimientos”.

Por último, no está de más decir como bien lo plantea la guía en el capítulo V que: “un ambiente familiar cálido y seguro favorece el desarrollo del niño o niña.